El calvario que no cesa

Rondando la media noche de este jueves 3 de agosto, a la vez que en Palma agonizaba la Fiesta íntegra, Zabala de la Serna lanzaba otra de las noticias negativas del verano: José María Manzanares tendrá que ser operado de urgencia al detectar los médicos una “preocupante” lesión cervical.

Al parecer, uno de los discos, entre el C-5 y C-6, oprime la médula espinal del torero hasta afectar neurológicamente a ambos miembros superiores.  “El doctor Trujillo ha dicho que tengo que operarme el próximo lunes, que una caída, tal y como el disco desplazado oprime la médula, podría seccionarla y dejarme tetrapléjico”, confesaba el torero a EL MUNDO. Otra vez el calvario de las lesiones amenazando la carrera del alicantino.

Y es que pese a los pocos percances sufridos en el ruedo, el de Manzanares es un ejemplo de superación y fuerza de voluntad en cuanto a lesiones y visitas al quirófano se refiere. Hasta en tres ocasiones ha tenido que cortar la temporada por contratiempos físicos.

Primero fue el dengue el que le dejó fuera de combate en el verano de 2007 de su bautismo de sangre. Las secuelas de la picadura del mosquito volvieron a precipitar su adiós un año siguiente.

Ya recuperado, un inoportuno corte en la mano en Utrera, en 2010, supuso el comienzo de un vía crucis de 11 operaciones y varios meses de baja. Ese mismo año, a principio de temporada, su espalda, la que ahora vuelve a darle problemas, ya le había alejado de los ruedos durante más de un mes.

La del lunes no será la primera vez que el alicantino deje su futuro en manos del prestigioso doctor Trujillo. Lo que en ese fatídico 2010 parecía simple una lumbociática, enmascaraba entonces una lesión mucho más grave: los dolores que arrastraba el torero se debían a una irritación del nervio ciático que se comprimía e inflamaba por una hernia discal severa. El estudio radiológico al que fue sometido reveló una pérdida del espacio intervertebral de L4-L5 y de L5-s1 en menor cuantía; en la resonancia magnética se apreció una «hernia discal L4-L5 paramedial izquierda con estrechamiento del agujero de conjunción izquierdo, comprimiendo la raíz.

Antes de pasar por el quirófano el 27 de abril, el torero forzó para no faltar a su cita Sevilla, donde llegó a torear con infiltraciones medulares que le hacían sentir las piernas como dormidas. Sus propósitos de llegar recuperado a Madrid los días 19 y 21 de mayo se vieron truncados por las molestias en la espalda derivadas de la operación, por lo que pospuso su fecha de reaparición hasta el mes de junio, exactamente el día 3, en Granada. En total, 36 días de baja. Casi mes y medio.

Sólo los médicos y el propio Manzanares saben cuánto podría estar ahora. Avanzado agosto, y con la temporada enfilando su momento decisivo, se antoja complicado un regreso por la vía rápida por lo complejo de la intervención. Ojalá le veamos otra vez frente al toro en España en este 2017. De no ser así, sería su cuarto adiós antes de tiempo. El enésimo rebrote del calvario que no cesa de un artista único marcado por la gloria… y también por los infortunios.

Redactor de El Mundo. De Colmenar y con casta. Aspiro a no tener que borrar con la mano lo que ayer escribí con el codo. Desde aquí se ve todo.

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