De Frascuelo a Gayarre

Antes de dejar Valencia camino de la miurada, la disciplinada manía de visitar librerías de viejo me ha deparado uno de esos hallazgos que cierran un curioso círculo y que vuelve a brindarme la ocasión para saltar de una categoría a otra de este blog.

La llibreria de vell Russafa está regentada por uno de esos libreros a los que uno toma simpatía desde el primer lance. La radio suena a volumen medio, de manera que no moleste en su misión de búsqueda al esporádico cliente y proporcione al librero compañía en las largas horas de soledad propias de su oficio. Luis Martínez es todo amabilidad y honestidad, lo cual explica que esas mismas virtudes se palpen a lo largo y ancho de cada estante y en cada instante.

He dado con una primera de Dinero, de Amis. No sé en cuál de los adjetivos con los que Luis bautizó su tienda encaja: “Expendeduría de libros antiguos, raros, curiosos, viejos y simpáticos”. Probablemente en el último. Antes de despedirme le pido que me recuerde dónde queda el apartado de Toros. Tras repasar el anaquel, me dice: “quizás te interese ver una cosa curiosa que salió el otro día. Lo malo es que ya la tengo vendida a una señora”. Cuando un librero me dice eso, presiento que maldeciré mi sino.

La estampa taurina es una auténtica joya. Frascuelo entrando a matar. Pero lo que le da el valor a la misma es la dedicatoria autógrafa, que reza:

“A mi querido amigo, Matador a Matador,
Julián Gayarre en prueba de amistad.
Salvador Sánchez, Madrid, Setiembre 1883”
Frascuelo

“Matador a Matador”. Sublime. A Gayarre lo asocio con los toros. Porque es en el reservado de Lhardy bautizado con su nombre donde cada primer sábado de Otoño celebramos, trajeados y entonados, una comida a base de los clásicos de la casa. Y luego a la corrida, claro. Una jornada completa para ensalzar la amistad sobre esos terrenos, siempre los mismos.

Pero el verdadero motivo para vincular al genial tenor navarro con la cosa taurina está en la estrecha y profunda amistad que profesaba hacia Frascuelo, y que era recíproca. Sabía de esta relación gracias a Rubén Amón, experto en y devoto de ambas disciplinas: de toros y ópera. Así se llamaba la entrada del blog en la que dejó constancia de esto y de otras deliciosas anécdotas que sirven para explicar categorías.

Encontrar testimonio físico de esa amistad, palparlo y saborearlo, de manera que ayuda a restablecer referencias que quedan, así, selladas, cerrando un círculo. Como en las amistades verdaderas: matador a matador.

Pasé de los cuentos a las cuentas. Como nada de lo humano me es ajeno, una tarde me llevaron al tendido, y ahí sigo.

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