El genio tras el puré

Si nos paramos a pensar que el día de San Isidro fue hace más de un mes y que se cuentan con los dedos de una mano los que quedan para el inicio oficial del verano habremos contextualizado a la perfección el momento exacto de la aparición en escena de Morante en Madrid: cuando le ha dado la real gana.

Nunca había sucedido que el torero más deseado se dejara ver, antes de su primer paseíllo, no ya en un burladero, sino entremezclado en el andamiaje del 7, brazos arriba palmeando. Así es Morante.

Como tampoco jamás hemos visto a un torero de su corte, el artístico, el del pellizco, torear como él viene toreando de continuo en las principales ferias en pugna con todas las figuras. Como uno más. De Valencia a Bilbao, de Sevilla a Salamanca. Temporada tras temporada.

Cuando no le tengamos en activo, en nuestras tertulias y discusiones Morante seguirá alumbrando como ahora. Quizá no nos quedará más remedio que escuchar por ejemplo que, en su decimosexta campaña -en menos de dos semanas hace 20 años de su alternativa ¡¡en El Plantío!!- dio un total de doscientas y pico verónicas con el resultado de 37 limpias y el resto enganchadas por topetazo del toro. La estadística viene con fuerza, el fact checking, la verdad de las cifras que hemos contrastado a la mentira que hemos soñado.

Vengo escuchando que no va a llenar, que la corrida va a ser una gatada y que desde hace ocho años no convierte en sublime el toreo con el capote. Aparte de que, caprichoso que es, allanará el ruedo rastrillo en mano y se irá a brindar a un filósofo antes que a su mismísima Majestad. Lo exógeno devorando al fondo del asunto: con Morante estamos ante un torero único y sin descendencia. Un artista en el que a veces las volutas del habano impiden ver la exquisitez y el arrebato de su toreo, que es, como se entretenía de niño, cuando jugaba con el toro, así que se extravíe en la gaonera mecida como nadie, ponga un par de banderillas, cite con el cartucho o prepare la salida con un abaniqueo desesperado. Todo cuanto hace adquiere un color diferente, incluyendo las tardes de desconexión.

Acabamos de soportar otra Beneficencia en la que hemos dado vueltas y vueltas al puré, con el fuego a todo gas, sin poder evitar los grumos. La plaza se achicharraba. Sabíamos todos, en cambio, que al día siguiente nos queda Morante, nuevamente aclamado en la calle Londres y escudriñado en Costa Leandro, donde no se mueve una rama, el calor se entroniza y apenas el tañido de la campana de la una nos recuerda que, efectivamente, ha llegado el día.

 

Periodista de Elindependiente.com. De abolengo paterno vitista y caminista. Vi la alternativa de Pepe Luis Martín.

You may also like...

1 Response

  1. junio 17, 2017

    […] Diseñado el día, el escenario, tan lejos de San Isidro, a ver. La primera plaza del mundo. “Un torero único y sin descendencia”. La bomba debe explotar. El tic tac ya ha parado. Esta tarde torea Morante en […]

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *