Gregorio Sánchez, el último azulejo

La última semana a la que parecían no caberle buenas noticias terminó, bajo una tarde de tormenta en Madrid, con el feliz reencuentro con el buen toreo, interpretado por un elegante, clásico y templado Iván Vicente. Un gran homenaje artístico en esta corrida de domingo iniciada con el sentido minuto de silencio en recuerdo de Gregorio Sánchez.

Sin tener asimilado aún lo de Fandiño y en pleno revuelo e incertidumbre sobre el futuro de Las Ventas, nos llegó la triste noticia de la muerte del maestro, en la lejanía de Galicia y desconectado del toreo.

Menos mal que las deudas a veces se pagan y en San Isidro del año pasado, aún en tiempo de prórroga, una de las que más pesaban: el azulejo pendiente a quien más tenía ganada la consideración y el reconocimiento de torero “de Madrid”. Nueve salidas a hombros como matador, una más de novillero, medio centenar de corridas toreadas, treinta y nueve orejas, aquella encerrona ‘récord’ en favor del Montepío con siete orejas en una hora y cuarto…

Cada vez que Gregorio salía en una tertulia taurina, a colación salía también la injusticia del azulejo. Así que entre Tano (hijo de “Michelín”) y unos cuantos colmenareños de “El Rescoldo” nos pusimos manos a la obra hasta elevar solicitud a la Comunidad, respaldada por unas cuantas firmas ‘de nivel’, para que el nombre de Gregorio quedara, en letras mayúsculas, enclavado para siempre en las paredes de la plaza que tantas veces le vio triunfar.

La salud ya deteriorada del maestro le impidió asistir aquella mañana venteña de mayo de 2016, pero hasta allí concurrieron muchos a quienes el toledano les tenía ganado su corazón, toreros de su época que compitieron con él en los ruedos y toreros de la Escuela que lo aprendieron todo de él y a los que inculcó como nadie los valores del toreo.

Porque con Gregorio Sánchez, fiel exponente y sucesor de la tauromaquia orteguista, se nos ha marchado todo un maestro dentro y fuera de los ruedos.

Comentarista de Canal Toros. Colmenareño. Cuando llueve en invierno, lejos de quejarme, pienso: "mejor embestirán los toros".

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