La Carlota: más seriedad que diversión

El año pasado Madueño y sus compañeros de la Escuela Taurina de Córdoba se embarcaron en organizar un festival taurino en La Carlota para “matar el gusanillo” de estoquear cada uno un becerro y volver a sentirse toreros.

Entonces yo no pude estar, pero los que asistieron vinieron contando de un festejo irrepetible, por la climatología en que derivó la mañana (cayó el diluvio universal, que dejó el ruedo hecho un patatal) y porque ante tales circunstancias, los coletas tiraron de raza y salvaron el honor por vía de la épica, sobre todo Madueño, sirviéndose también de algún “efecto especial” como iniciar su faena sentado en una silla.

Esta vez no había lluvia, al contrario, hizo una espléndida mañana de sol. Mayor convocatoria de público que el año anterior y la sorpresa de encontrarnos con un cuidado y un rigor en la organización como si estuviéramos ante un gran evento taurino: programa de mano a la entrada, obsequio de un pañuelo de recuerdo con el cartel impreso, sombreros para protegerse del sol, banda de música, presidente veterano con su traje y corbata… “¡sólo falta la tele!”, llegaron a decir algunos.

Cuando saltó a la arena el primero de la matinal, el silencio y la atención máxima por parte del público le dieron al festival un plus de respeto y responsabilidad. Lo que estaba pasando en el ruedo no era de mentira y como muestra, los feos volteretones que se vivieron con angustia en los dos primeros becerros.

Y en esas, Madueño que se fue a portagayola a recibir al tercero. Fue un intento más que otra cosa, pero ahí quedó el gesto y la sorpresa que tenía guardada. Como la del brindis a su novia, Clara, “¡por ser la mejor!”.

¿Fue capaz Juan Diego de responder a las expectativas después de la que había formado el año anterior? Digamos que sí, aunque por otra vía. Si entonces entre la lluvia y la raza demostrada se alcanzó la meta del triunfo, en esta ocasión la miel vino a golpe de chispazos. Pese a su fragilidad en el valor y una preparación física que nos recordaba más a los toreros de antes que a los ‘atletas’ actuales.

Una trincherilla, la espera en embarcar tal o cual natural bien trazado, un pase de pecho mirando al tendido, el desplante tirando la muleta a la arena, la facilidad con la espada, una escena tan bien estudiada… Por todo, Madueño volvió a armar el revuelo y a sus manos fueron los máximos trofeos, por segundo año consecutivo.

No hay dos sin tres, amigo, y ya pensando en ese último sábado de octubre de 2018, el del cambio de hora y así, de paso, poder saborearlo todo sesenta minutos más…

Comentarista de Canal Toros. Colmenareño. Cuando llueve en invierno, lejos de quejarme, pienso: "mejor embestirán los toros".

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