La condescendencia en Aire Sur L’Adour

Si en vez de volver sobre el torero derribado, Provechito aguanta un segundo más en el capote del subalterno la tarde del sábado habría pasado al cajón de los días. El foco caía sobre Madrid. Todas las crónicas hablarían de la corrida de la cultura, las tertulias sobre la actitud de Morante y la frescura de Ginés Marín, en los bares se habrían apurado las palabras, una última copa a la salud de los toreros, y el ciclo continuado de toros acabaría languidamente con la alegre y nostálgica novillada de triunfadores, un retrovisor para volver al 11 de mayo. Para -ojalá- empezar de nuevo.

Fandiño había cortado una oreja en Aire Sur L’Adour a su primer toro. Abría el cartel a Juan del Álamo y Thomas Dufau, francés, en la circunvalación del toreo. Una corrida de Baltasar Ibán para pasar la tarde. Y los pitones de Provechito, erizados en su punto más fino, así levantados, como un dedo con artrosis señalando alguna puerta oscura. Con el trofeo en el bolsillo, Fandiño le hizo un quite al toro del compañero. Unas chicuelinas normales en un escenario normal, ante un toro normal, en una tarde normal, de un sábado normal de mitad de temporada. Provechito siguió al banderillero. Fandiño se sacude el polvo y recoge con enfado su capote.

El miedo en modo funcionario. El abrazo en la furgoneta. Se acaba la corrida y la noticia de la oreja llega como el resto de algún naufragio. Demasiado ajetreo en la sala de prensa de Las Ventas. Igual corta otra, u otras dos, y la puerta grande dura una milésima. Esa foto mal hecha subida a Twitter, una frase en Instagram, la condescendencia del teletipo, la elección del editor, “esto no nos cabe”, la exageración de los portales y algún comentario irónico. “Pues Fandiño ha triunfado en Aire”. “¿Dónde?”. ¿Dónde está Aire Sur L’Adour? Justo donde esos lugares en los que hay que morir, que un toro parta en dos al hombre, para transcender: esa es la tragedia de casi todos los que se visten de luces.

Estudié derecho pero me pareció lo suficientemente práctico como para dejarlo y empecé a escribir. En realidad pensaba que no se madrugaba. Pierdo el tiempo, llego tarde, escribo en El Español y hablo de toros como excusa para estar tan bien rodeado.

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