Manzanares, tres años después

Cuando José María Manzanares padre -fallecido hoy hace justo tres años- se retiró de los ruedos a hombros de sus compañeros, en un infrecuente homenaje en vivo al que se reconoce “torero de toeros”-, el maestro era ya un cincuentón largo. Dejaba atrás 35 años con contados baches y siempre embelleciendo los carteles, cualidad ésta que gana en la distancia.

Actualmente el torero cincuentón está prácticamente desaparecido del mapa. Se trata de una figura referencial, a la que se acude para rescatar el canon clásico, la hondura, el aroma de lo jondo o incluso la tan vitoreada recuperación de las suertes, dícese el capote como el bombín del mago.
Dicho de otro modo: los toreros viejos.
Pero antes de ser viejo, Manzanares fue joven, obviamente, no les descubro nada, queridos carloteños. Le dio tiempo a vivir y sufrir de todo: despreciado con vehemencia, ensalzado como el ejemplo máximo. Él se dedicó a su toreo arrullado cuando lo veía claro y a no disimular en los infiernos. Entretanto, pasó también a la historia por dejarnos para el disfrute del tendido al hijo más figura auténtica de todos los hijos de figura que uno haya visto, con Dalia para los incrédulos.
Por esa tarde descomunal del hijo y por los faenones del padre, esos que vimos de Málaga a Bayona, de Sevilla a Nimes pasando por casi todos lados, esos que tenemos el deber de rememorar con arrebato en las tertulias, por todos esos momentos tiene sentido reunirnos y disfrutar como lo haremos este sábado viendo lo que nos une: el toreo del bueno.
Tres años después.

 

Periodista de Elindependiente.com. De abolengo paterno vitista y caminista. Vi la alternativa de Pepe Luis Martín.

You may also like...

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *