Otoño

Llegó el otoño el pasado viernes 22, pero como si no hubiera llegado. Seguimos con la canícula y los que no hemos caído en la tentación del desánimo por la retirada de Morante o la baja de Manzanares (que las sintamos no nos aboca al desamparo, ¡¡desde cuándo!!), mantenemos sobradas razones para avanzar en el calendario sin cuestionar nuestra agenda de aficionados. Lo que está pasando en la evolución de Roca Rey, la asunción de un veterano pedestal por parte de Ferrera, la irrupción de Ginés Marín, la nueva temporada del enigma Talavante, las nuevas formas de Joselito Adame, la llegada de un Colombo y, ante todo y sobre todo, la enésima ratificación de que Juli y Ponce son Pilares de esta Tierra (es decir, de que esto sigue funcionando sobre las bases de una misma tradición) me bastan, al menos a mí, para seguir siendo el mismo.

Sin embargo he de admitir que a lo largo de este año han pasado una serie de cosas que empiezan a preocuparme. Una: pocas son las Ferias cuyos carteles han demostrado ambición y apuesta por el riesgo (Bilbao, Colmenar Viejo y alguna más). ¿No había llegado la recuperación? Ya sé que la recuperación es relativa y todo eso, pero espero que tengamos ocasión en este blog (With a litlle help from my friends) de hacer una comparativa de carteles de plazas representativas durante los último años. Los resultados los vislumbro penosos. Dos: Madrid, que lejos de mostrar, en este su primer año como empresa, un aire de esperanza, se ha visto enfangado en el inquietante melodrama de, nada más y nada menos, que una reforma estructural de la Plaza. Es decir, los políticos más presentes que nunca, ahora que creo que va quedando claro que eso es una mala idea.

Tras la finalización de la temporada pasada, y a raíz precisamente del nuevo concurso para la Plaza de Las Ventas (era el momento perfecto), me dejó perplejo que no se orquestara un cierto grupo capaz de agarrar el toro por los cuernos para decir a los políticos que el pliego de Madrid debía derivar hacia una profesionalización responsable y verdaderamente empresarial de esta liturgia nuestra. Quizás no sea tarde y podamos aprovechar para, pese a la entrada oficiosa del otoño, antes de que empiecen a caer las hojas de las copas que aún no se han precipitado, llenando el suelo de nuestras calles de elementos hostiles que provocan resbalones de toda naturaleza, darle una vuelta a todo esto, amigos.

Pasé de los cuentos a las cuentas. Como nada de lo humano me es ajeno, una tarde me llevaron al tendido, y ahí sigo.

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